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¿ Cuántos amigos tienes?

Tul y CoroHe de decir que esas personas que presumen de tener muchos amigos, realmente no conocen, o no tienen muy bien definido el término amigo. ¿Cuántos amigos tienes?. Se cuentan con los dedos de una mano, o de dos, como mucho, my friend. Los 300 del facebook no cuentan todos a estos efectos amigables. Algunos sí. Pocos.

Hay estudiosos de este tema, como el antropólogo Robin Dunbar que dice que la amistad está limitada por dos factores: el tiempo que podemos dedicarle a nuestros amigos y la capacidad de nuestro cerebro para procesar nuestras relaciones múltiples. Los investigadores tienden a buscar frases rimbombantes para hacer más efecto.

No soy antropólogo y defino la amistad con dos palabras estar siempre.

Dice Dunbar que a lo largo de nuestra vida podemos tener relaciones significativas con aproximadamente  150 personas.

Imagino que hablará de 150 personas humanas, a estas hay que añadir las no humanas, nuestros perros, gatos y demás animales que nos acompañan a lo largo de la vida.

Los amigos humanos y no humanos también son la familia.

¿Y tú, cuántos amigos tienes?

¿Quién vigila a los poderosos?

En 1949 George Orwell publicó 1984, esa gran novela que habla del Gran Hermano, el guardián de la sociedad, por donde pululan idealistas del Partido, policías del pensamiento cuya máxima es a las proles se les permite la libertad intelectual porque no tienen intelecto alguno. Todos son vigilados por el ojo que todo lo ve (me suena a Señor de los Anillos). Ahí nació la sociedad Orwelliana.

En la sociedad actual la mayoría de los mortales también estamos vigilados, saben todo de nosotros, las nuevas tecnologías también ayudan. ¡Como para librarte de Hacienda, del pago de una multa, de un recargo de intereses..!.

La pregunta es fácil de contestar, a los poderosos en la mayoría de los casos los vigilan otros poderosos, que se dedican a lo mismo, es decir, a especular con fondos ajenos, a recibir créditos sin avales suficientes, a la ingenieria financiera. Y saben que si las cosas se ponen peligrosas de verdad, no se atreverán a dejarlos caer. Hoy por ti, mañana por mi. Así está montado el chiringuito.

Ya lo dijo Stalin: La muerte de una persona es un hecho trágico, la muerte de un millón una estadística.

Si le debes al banco 6000 euros tienes un problema, si le debes 60 millones de euros el problema lo tiene el banco.

Si a una persona corriente le vienen mal dadas, su caída será inevitable, en primera persona. Un poderoso arrastrará en la suya cual tsunami a muchos como él. Así que mejor mostrarlo luchando en las aguas embravecidas, se oigan unos ohhhhhhsss!!!, y ya cerca de la orilla se esconda hasta que escampe el temporal.

 

 

 

 

¿Iguales ante la ley?

Cuando uno lee esta pregunta la respuesta debería ser SÍ, un sí claro y rotundo y digo debería ser, porque no lo es. Si en España hacemos esa pregunta saldría un No abrumador, y he de decir que produce cierta preocupación. En un país que se considere plenamente democrático, la igualdad ante la ley es un pilar básico.

Si le preguntas a un ministro, que ostenta el poder ejecutivo, te dirá que sí, no le queda otra. Si le preguntas a un juez, poder judicial, misma contestación. A un congresista, poder legislativo, idem de idem. Pero preguntad a Pepe, a Luis, a Carmen, a María, un pescadero, un taxista, una comercial, una maestra. Millones de personas como éstas  te contestarán que No, que no somos iguales ante la ley.

El artículo 14 de la Constitución española, Igualdad ante la ley dice: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.”

Entre cualquier condición o circunstancia personal o social no debe incluir ser poderoso, ser influyente, o tener más dinero que el tio gilito, ganado honradamente por supuesto.

La gente ya está cansada, harta de tanta tomadura de pelo, cada vez escucho más por la calle pero se piensan que somos gilipollas, y otras expresiones parecidas…algún día esto explota.

Así estamos. Un primer paso es abogar por listas abiertas ya, y que nos representen aquellos a los quien elegimos realmente.

El otro día leía una entrevista a Alfonso Osorio, vicepresidente del primer gobierno en democracia y decía “esto no es una democracia, es una oligarquía mandada por los gabinetes de los partidos”.Sin comentarios y pensad.

¿Iguales ante la ley?. Mentira cochina, como decíamos de niños.

 

¿Quieres hacer el favor de sonreír, por favor ?

Esta es la primera entrada de un blog de nombre en el tempus, en el tiempo sí, ese tiempo que  a veces nos une y otras nos separa, que a veces lo tenemos a favor y otras en contra. El tiempo pasado, el de ahora y el que está por venir. El tiempo que exige transformaciones ineludibles, que se producen con o sin la adhesión de las personas. En este pequeño espacio jugaré con las palabras, cuando queráis visitarme, siempre seréis bien recibidos. Y sin más preámbulos empezamos este viaje en el tiempo, sin saber el destino final. Una aventura de la palabra como anécdota, como reflexión, como reivindicación, como ser.

El martes acompañé a mi padre a realizar unas gestiones. Mi padre es una persona de setenta y muchos, con una vitalidad insultante, y refinado sentido del humor.

Entramos en un banco, no había nadie, quiero decir esperando, los banqueros o bancarios estaban en sus mesas atendiendo sus tareas. No creo que pase mucho tiempo para que la oficina de calle desaparezca, a veces sería de agradecer. Nos acercamos al mostrador.

Diálogo:

Mi padre: Buenos días, quería sacar equis euros (mientras le acerca la cartilla)

Banco: Carnet de identidad (¡con una cara de mala ostia!)

Mi padre saca la cartera y el primer documento que sobresale es el carnet de conducir, lo cojo y se lo doy al banco.

Banco: He dicho carnet de identidad (con la misma cara)

Le damos el carnet, nos da el dinero, mi padre educadamente se despide con un gracias, buenos días y el banco ni una palabra. Cuando salimos me dice mi padre..muy simpático el banco, verdad?,  os voy a ahorrar las palabras mal sonantes que salieron de mi boca.

Vas a un banco, un lugar donde te tienen que poner alfombra, servirte un canapé mientras esperas, besarte los pies..y te atienden como si le estuvieras haciendo un favor tu a ellos, un lugar que existe gracias a ti, y al otro, y al de más allá…por que un banco sin nosotros no existiría, o sí porque si vienen mal dadas llega el gobierno de turno y les pone la pasta que es de todos y otra vez a empezar. Manda huevos.

El cliente cada vez se muestra más informado e interactivo y exige un tratamiento respetuoso y digno y si es con una sonrisa mucho mejor. Diría que las sonrisas cuando te atienden deberían ser casi obligatorias. No hay sonrisa, no hay tarjeta. No hay sonrisa, no hay compra. Me busco otro lugar. Y si no hay sonrisa, tiene un mal día, por lo menos que haya educación, que traten a uno con respeto. El martes ni sonrisas ni educación, sólo una cara de mala ostia que daban muchas ganas de ponérsela bien.

(El título elegido es inspiración de un relato de Raymond Carver, uno de los más grandes escritores norteamericanos de relatos del siglo XX. ¿ Quieres hacer el favor de callarte, por favor?)